Un revuelto de ideas, pensamientos, y de todo un poco. Producto de una mente absurda y un poco loca.
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viernes, 19 de febrero de 2016

CANSADA

Efectivamente estoy cansada. Cansada de todo. Del mundo, de la sociedad, de casi todo lo que me rodea. Y esto se traduce en desidia, una desidia que hace que no me apetezca hacer nada, ni siquiera escribir en un blog diariamente, o al menos, mensualmente.

Escribir es algo que siempre me ha gustado, y se lo tengo que agradecer a Doña Pepita, mi maestra de 4º de E.G.B., que nos tuvo todo el curso copiando una pagina de cuaderno diario, 3 el fin de semana, y eso hizo que consiguieramos mejor letra, y por mi parte gusto por escribir. También contribuyó mucho el concurso de lectura del curso, ella tenía una pequeña biblioteca en clase, y apuntaba los libros que te leías, del que había que entregar resumen. Al final del curso la que más libros se hubiera leído, recibía un premio. Yo me quedé a un libro de ganar, y todo por una gripe que me hizo estar en cama una semana. Mi amiga Rafi ganó el ansiado premio, que no recuerdo qué fué.

Luego mi madre me apuntó en el instituto a mecanografía, y le cogí gusto a escribir a máquina, me quedé en 150 pulsaciones por minuto, pero ya es más de lo que muchos administrativos actualmente tienen. Entonces en cualquier oposición de administración te exigían al menos 125 pulsaciones, y sin faltas claro. Por eso yo practicaba con la máquina de mi padre, no eléctrica, hasta que me dolían los dedos.
Ya en Madrid me compré una eléctrica, que era una delicia, porque obviamente se ganaba en pulsaciones al tener que rozar solo la tecla, en vez de tener que pulsar con algo de fuerza. También borraba automáticamente, en vez de tener que poner el papelito blanco en la letra como antes.
Y de ahí me pasé al ordenador, una mezcla de máquina eléctrica, pero sin tener que comprar cartuchos de tinta ni de borrar.
Al principio no podía ni ver un ordenador, fué mi hermano el que primero tuvo uno, antiguo como el mundo, en el que solo existía el MX2. Yo tenía 16 años y él 14, y ya despuntó como el gran informático que ha llegado a ser. Pero en aquella época la que huía de la informática era yo.
Con el tiempo y el gran avance en informática, empecé a cogerle gusto y ya me enganché con internet. Todo un mundo ante mi, sin moverme de mi casa. Gente nueva a la que conocer, sin salir de mi casa, y eso para alguien al que le cuesta hacer amigos como a mí, era como ver una gran luz.

Ahora que ya he contado mi rollo, vuelvo al principio, a que estoy cansada, y ahora mismo todo es demasiado para mí, será por las circunstancias o porque no duermo suficiente, o por el invierno que me deprime.
Pero estoy Cansada.


martes, 2 de septiembre de 2014

Septiembre llegó....

Ya terminó el verano. No oficialmente pero si se notan los días más cortos y el sol menos luminoso.

También me ha cambiado la situación, ya conté que cuidaba de una abuelita con alzheimer, ya estaba encamada desde hacía tiempo.
 Empecé con sus cuidados hace 2 años y medio, y para mí ya no era sólo un trabajo, le había cogido mucho cariño y era como un familiar.

Pues este sábado murió mi viejita. Era una luchadora porque  en este último año que ya no salía de la cama había pasado mucho: infecciones, bronquitis, escaras, rotura de cadera, en fin, mucho, mucho. Sin embargo, y contra todas las previsiones médicas, ella aguantó y lo superó todo.

Pero esta semana pasada sus pulmones ya no aguantaron más. Sufrió un colapso en uno, y ese cuerpo aguantó 3 días hasta que todos los que estuvimos junto a ella nos pudimos despedir. Y se nos fué.

No la conocí antes de su fatal enfermedad, ya estaba muy desmejorada, pero si que recordaré el primer año que trabajé con ella, que todavía la levantábamos de la cama para que comiera y viera la tele un ratito, haciendo compañía a su fiel marido. Entonces de vez en cuando tenía momentos de lucidez o de inocencia infantil, y me miraba y me decía: uis que gordaaaa. Yo me reía y la comía a besos y su marido la reñía como se riñe a un niño chico que te señala y te dice lo mismo.
Otras veces me sonreía y a su marido, y le reconocía y le llamaba papa. Son muchos días de recuerdos unas veces buenos y otras no tanto, como cuando se atragantaba al comer o se pasaba la tarde llorando.

Mi querida Justa, a pesar de no haberte conocido lúcida, tu fortaleza y tu recuerdo me acompañará siempre. Contigo aprendí mucho, sobre todo paciencia y comprensión.

Sólo espero que allá donde estés, ya hayas encontrado la paz que tanto necesitabas.

Un beso